Parece que poco a poco empiezo a inyectarle vida a un blog que empezaba a agonizar (como tantas otras cosas) y parecía destinado a ser parte de los miles que se abandonan al día. Soy muy poco constante y me cuesta mucho trabajo sentarme cada día a escribir sobre mi vida. En ocasiones me siento un poco estúpido haciéndolo, pero escribir en un blog es un buen sustituto del psicólogo, del diario de toda la vida o de la carta a un amigo.
Muchas veces me siento presionado a la hora de contar algo. El cómo hacerlo, el qué pensarán los que lleguen aquí sobre las barbaridades que escribo, si estoy redactando todo tal y como quiero, etc; todos estos son aspectos a tener en cuenta cuando quiero subir una entrada. Escribir un blog en realidad un ejercicio literario: cada post debe tener un ritmo, un tema y un principio-nudo-desenlace. Debe ser interesante y contar algo, y ahí es donde radica el problema.
En ocasiones los días transcurren con normalidad, sin que ocurra nada memorable que contar. Entonces, si tienes un blog de temática personal cono Twentytantos, te desesperas porque no tienes nada sobre lo que escribir. Le das vueltas al mismo tema, recurres a Youtube o a memes y el blog comienza a perder fuelle. Descubres que los días insustanciales son más de los que te gustaría admitir, y a veces, sólo a veces, logras escurrir el bulto y acabar la entrada resumiendo tu día en una sola frase:
"Hoy me giré y pillé a Jordi mirándome. Y se ha sonrojado."