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Filología Blogueril

Parece que poco a poco empiezo a inyectarle vida a un blog que empezaba a agonizar (como tantas otras cosas) y parecía destinado a ser parte de los miles que se abandonan al día. Soy muy poco constante y me cuesta mucho trabajo sentarme cada día a escribir sobre mi vida. En ocasiones me siento un poco estúpido haciéndolo, pero escribir en un blog es un buen sustituto del psicólogo, del diario de toda la vida o de la carta a un amigo.

Muchas veces me siento presionado a la hora de contar algo. El cómo hacerlo, el qué pensarán los que lleguen aquí sobre las barbaridades que escribo, si estoy redactando todo tal y como quiero, etc; todos estos son aspectos a tener en cuenta cuando quiero subir una entrada. Escribir un blog en realidad un ejercicio literario: cada post debe tener un ritmo, un tema y un principio-nudo-desenlace. Debe ser interesante y contar algo, y ahí es donde radica el problema.

En ocasiones los días transcurren con normalidad, sin que ocurra nada memorable que contar. Entonces, si tienes un blog de temática personal cono Twentytantos, te desesperas porque no tienes nada sobre lo que escribir. Le das vueltas al mismo tema, recurres a Youtube o a memes y el blog comienza a perder fuelle. Descubres que los días insustanciales son más de los que te gustaría admitir, y a veces, sólo a veces, logras escurrir el bulto y acabar la entrada resumiendo tu día en una sola frase:

"Hoy me giré y pillé a Jordi mirándome. Y se ha sonrojado."

El origen y el culpable

Blog en Serio nos regalaba ayer una miniguía sobre cómo abrir un blog y que éste sobreviva al primer mes de vida, que por lo visto suele ser letal y no deja bitácora con cabeza. Me pareció un artículo interesantísimo porque propone retos sencillos para seguir durante un mes, y, como blogger frustrado que soy, eso se agradece. Cuántos dominios inservibles se me han quedado atrás vencidos por la desidia y el aburrimiento... Además, siendo sinceros, Víctor Esparza tiene una cara que convence (y un gran parecido con Roberto Sanmartín, lo cual le suma puntos).

Volviendo a los blogs, creo que mi fallo era tratar de escribir el diario ñoño de un adolescente estando a un paso de cumplir los veintitrés. Craso error. ¿Cómo voy a conseguir rellenar posts y posts hablando sobre el amor, lo injusta que es la vida y lo incomprendido que me siento? Por una parte, esas tres ideas son las máximas principales de mi vida, pero por otra creo que sería conveniente ir dejando a un lado las páginas rosas y el cuaderno con tapas de fieltro y prepararse para recibir a la madurez -maldita entrometida-, ya que al fin y al cabo tendré que convivir con ella durante el resto de mis días.

Trataré de ser lo más honesto posible (objetivo no, eso no es fácil ni divertido) en el desarrollo de mis posts: por tanto me veré obligado a usar pseudónimos tanto para mí como para las distintas personas que aparezcan en los mismos. Será una forma cobarde de decir lo que pienso, pero he vivido lo suficiente como para comprender que la sinceridad no es siempre una buena amiga. Nos leemos pronto.